Según Naciones Unidas, a mediados del siglo pasado se estima que la población mundial se encontraba en torno a 2.600 millones de habitantes y que actualmente ocupamos nuestro planeta la vertiginosa cifra de 7.700 millones de habitantes. Se trata sin duda de un extraordinario crecimiento exponencial, que seguirá la misma tendencia llegando a una cifra cercana a los 10.000 millones de habitantes en 2050.

Ese cambio brusco y exponencial en el crecimiento de la población mundial, coincide con la construcción del llamado “estado de bienestar”, que en muchos países desarrollados se ha convertido en un eje básico para construir nuestro actual modelo de vida. Pero para mantener esta forma de vida y extrapolarla a la gran demanda emergente debido al crecimiento de la población mundial, es básico asegurar la accesibilidad y disponibilidad a recursos fundamentales y limitados como la energía o el agua.

Aunque el 70% de nuestro planeta está ocupado por agua,

tan solo el 2,5% es agua dulce

Según datos facilitados por el Consejo Mundial de la Energía, el crecimiento del consumo de energía primaria en el mundo ha seguido la misma tendencia de crecimiento exponencial, multiplicándose por 7 en los últimos 70 años y con previsión de continuar esa misma senda.

Debido al uso casi total de fuentes de combustible de origen no renovables para la obtención de la energía primaria necesaria y al efecto contaminante en el ambiente derivado del proceso de transformación, este crecimiento en el consumo traería un incremento de la contaminación de nuestra atmósfera debido a altas emisiones de gases como el CO2.

Según datos de Naciones Unidas, en el último siglo debido al incremento exponencial de la contaminación por efecto de gases de tipo invernadero, la temperatura media mundial aumentó 1ºC, lo que atisbaba un peligroso horizonte debido a los posibles efectos del calentamiento global.

Ante estas nuevas circunstancias, a finales del siglo pasado surge un fuerte movimiento mundial consciente de la necesidad de transformar el modelo de obtención y uso de los recursos básicos que permitieran seguir evolucionando nuestro modelo de sociedad de bienestar. El principal hito tuvo lugar 1997 tras el acuerdo del protocolo de Kyoto, que establecía la nueva estrategia a desarrollar por el conjunto de los principales países industrializados del mundo. Entonces se decide que el único camino posible para proyectar el estado de bienestar a un nuevo escenario de expansión de la población, pasa inexorablemente por 3 pilares:

  • reducción del consumo de energía no renovable (20%)
  • reducción de las emisiones de CO2 (20%)
  •  y aumento de la generación de energía a través de fuentes renovables (20%).

En el año 2012 es mediante el liderazgo de Naciones Unidas, cuando se establece una serie de medidas imprescindibles para trabajar en 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), entre las que se encuentra la lucha contra el cambio climático. Más tarde en el año 2015 tras el acuerdo de París se alcanza un acuerdo mundial sin precedentes, en el que líderes de 175 países firman un documento que les compromete a acelerar la lucha contra el cambio climático, incrementando los niveles de exigencia y activando acciones a corto y medio plazo que lo hicieran posible. A finales del año pasado tuvo lugar el último gran evento sobre cambio climático en la llamada Cumbre del Clima, constatando que la lucha por el cambio climático es una prioridad de orden mundial y que nuestro actual modelo de bienestar pasa por una efectiva lucha contra el cambio climático.

Con la entrada en vigor de la Directiva de eficiencia energética 2002/91/CE, Europa decidió centrar gran parte de los esfuerzos por la lucha contra el cambio climático, en sectores de gran potencial en el continente como el de la construcción. Este nuevo modelo tenía como objetivo construir edificios cada vez más eficientes y transformar el parqué de edificios existentes a través de la reducción del consumo de energía no renovable, el incremento de la generación de energía mediante fuentes renovables y la reducción de las emisiones de CO2. En Europa se han ido concatenando nuevas directivas que actualmente forman parte del marco de eficiencia energética en edificación, que definen por ejemplo al edificio de consumo de energía nulo o los estándares de certificación energética.

Desde entonces, el sector de la construcción edificatoria ha transitado por un proceso de transformación constante, siempre con el objetivo de liderar la lucha por el cambio contra el clima, con el uso de las tecnologías de última generación y mediante un proceso de conversión hacía la digitalización.

 Son ejemplos de este desarrollo estándares de edificación integral en el entorno digital como BIM,  el fenómeno de industrialización de la construcción, la aplicación de la generación distribuida en el propio edificio a través de energías renovables (solar, aerotermia, geotermia, eólica…) con el objetivo puesto hacia el autoconsumo, el uso de sistemas de alta eficiencia en envolventes e instalaciones encaminados a bajas demandas energéticas y extraordinarios rendimientos de equipos, o la incorporación del modelo “Smart” a los edificios a través del Big Data, Internet of Things, Inteligencia Artificial o Realidad Aumentada.  

Otro aspecto fundamental en la lucha por el cambio climático en el sector edificatorio, tiene como instrumento el uso de la llamada “Economía Circular”, con el objetivo de informar y apoyar a los actores de la cadena de valor del sector de la construcción, y ofrecer múltiples soluciones que puedan incrementar la durabilidad, la adaptabilidad y la reducción de residuos en el sector de la construcción. En concreto la Unión Europea acaba de publicar un informe con el título: ‘Circular Economy. Principles for Building Design’, en el que se insta a todos los agentes que intervienen en la cadena de valor del sector: inversores, propiedad, proyectistas, constructores, instaladores, fabricantes, distribución y administración, a promover el desarrollo de la construcción y rehabilitación de edificios sobre estándares de ecodiseño, bajo impacto medioambiental y altos ciclos de vida.

En definitiva, el sector de la construcción edificatoria está demostrando estar a la altura de la situación actual, con el compromiso de aprovechar todas las oportunidades en estos momentos de gran disrupción, afrontando con firmeza un proceso de transformación integral y siempre con el objetivo de hacer de nuestras ciudades y edificios, espacios que mejoren nuestra calidad de vida mediante el compromiso con el cambio climático.

Israel Ortega Cubero

Director de Formación y Servicios Técnicos Uponor Iberia

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